REFLEXIONES SOBRE LA REPUBLICA VASCA INDEPENDIENTE por Iñaki Gil de San Vicente en EZPALA Ezker Abertzaleko Aldizkaria. Publicación de la Izquierda Abertzale. (Pedro Egaña,nº 2-1.esk. 20.006 Donostia) nº 2 , septiembre 1996, pp. 10-20

      7.- Estado en extinción

      Uno de los baremos de la emancipación humana es el ritmo de extinción del Estado, independientemente de su forma y atendiendo a su contenido y función de opresiones de clase, nacional y de género. Uno de los baremos de la emancipación burguesa e inhumana es el fortalecimiento del Estado como instrumento opresor. El neoliberalismo lo perfecciona como medio represivo, de hipercontrol e hipervigilancia en aras de la multiplicación del beneficio privado y lo incapacita como medio de reparto menos injusto del excedente social. El neoliberalismo multiplica los instrumentos de poder burgués y los centraliza en el Estado que ve incrementadas sus atribuciones como puesto de mando del orden. Este es uno de los antagonismos entre el Estado burgués y el Estado en extinción de l@s revolucionari@s. El primero centraliza, controla y vigila todas las iniciativas. El segundo las potencia, transfiere y dota al pueblo de los medios necesarios para que se autogobierne. El primero incrementa los controles de todo tipo para asegurar que el beneficio se realice en una sociedad cada vez más compleja y desestructurada, caótica incluso. El segundo descentraliza todo lo descentralizable con el uso democrático-socialista masivo de las NTC. El primero busca su perpetuación. El segundo su extinción.

      ¿Quién y cómo dirige la descentralización? La respuesta carece de sentido si se olvida el proceso anterior de luchas, autoorganización y multiplicación de redes sociales, etcétera. ¿Quién decide cómo es la extinción del Estado y sus ritmos? La respuesta depende de la fuerza del Poder Popular, de las atribuciones estatales y de la lucha contra la inevitable tendencia burocrática. Aquí tendríamos que analizar dos factores decisivos: la pervivencia de la economía capitalista que regenera permanentemente la alienación y miseria ético-moral, y el poder avasallador e incontrolable desde su misma lógica feroz y fría de las transnacionales de la industria desculturizadora y desnacionalizadora. No podemos extendernos sobre ninguno de los dos, aunque sí decir que el Poder Popular, el Estado y el resto de instituciones y sistemas de intervención política deben tener muy en cuenta ambas realidades, ninguna de las cuales existía tal cual son hoy en agosto de 1973, al aprobarse el documento oficial de ETA.

      Pero precisamente el documento aporta ideas tan válidas hoy como ayer y como mañana porque van al corazón mismo de la emancipación humana:

      "El Estado Socialista Vasco -por fin- no tendrá una existencia perpetua: lo necesitaremos únicamente mientras estemos empeñados en la resolución de nuestro problema nacional y en la reconstrucción económica y social de Euskadi Norte. Una vez cumplidas estas tareas, la existencia de un Estado autónomo para el pueblo vasco habrá dejado de tener sentido. A consecuencia de ello, en tal momento nuestro deber internacionalista será unirnos en pie de igualdad con todos los pueblos y proletarios del mundo -comenzando por los más próximos- para proseguir la edificación de la sociedad mundial sin clases. Como revolucionarios comunistas que somos, luchamos contra toda opresión; luchamos pues contra la opresión nacional. Y, por ello mismo, estamos por la Independencia de Euskadi, por un Estado Socialista Vasco. Lo único que nos mueve a ello es la convicción plena de que de otro modo no obtendremos la respuesta correcta a la cuestión que nos plantea nuestra existencia como Pueblo Vasco oprimido, explotado y dividido. Absolutamente esto y nada más. ¿Quién puede dudar de que obrando en tal sentido no pretendemos sino ser revolucionarios honrados?"

      Iñaki Gil de San Vicente

      15-VI-1996

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